La falta de valoración de las marchas de procesión como un patrimonio de las cofradías, la destrucción material que supuso la Guerra Civil , la incorporación de nuevas composiciones y los avatates de las propias bandas, la mayoría desaparecidas, irían haciendo olvidar notables composiciones, de gran calidad, valor histórico y significación para las Cofradías en aquellos momentos.
En muchos casos, no es sólo una cuestión de siglos, sino que marchas de composición reciente no figuran adecuadamente en los archivos de las Cofradías, tan sólo en los de las agrupaciones, más sujetos a avatares de todo tipo. Otras muchas quedan en archivos particulares o de las bandas, pasando poco a poco al ostracismo.
Caso aparte supuso la desaparición en 1960 de la Música del Regimiento de Infantería Sevilla nº40, con la que se ponía fin a la magnífica competencia de muchos años entre las bandas de Tierra y las de Marina. La desaparición de los de Antigones se llevaría consigo un amplio repertorio, siglos de tradición y, lo que es peor, derivaría con el tiempo en una pérdida de memoria histórica de compositores y obras del máximo nivel, obras autóctonas que suponían un impagable patrimonio cultural de nuestra Semana Santa.
No todo está perdido, sin embargo. Los archivos de muchas bandas de música de la Región conservan muchas partituras que se creen perdidas. El año pasado, sin ir más lejos, aparecía en Aguilas la partitura de la marcha ‘El Destierro’, lo que permitía saber que éste era el nombre de la popularísima marcha conocida como ‘San Juan’ y cuyo autor no era Juan, sino Vicente Victoria Valls, músico mayor que fuera del Regimiento Sevilla nº33 en el año de composición, 1891.
Es necesario un esfuerzo de las Cofradías y de las instituciones públicas para conformar un archivo histórico que permita no sólo conservar el patrimonio actual, sino recuperar gran parte del perdido. Las obras de Marcos Ortiz, de Alfredo Javaloyes, de Gerónimo Oliver, Eduardo Lázaro, Manuel Gómez de Arribas, Julio Hernández Costa, Andrés Hernández Soro o Ramón Roig Torné, todos ellos en el primer tercio del siglo XX, han demostrado, en los casos en que ‘han sobrevivido’, que estamos hablando de un período de extraordinaria calidad, de gran belleza y de marchas que recogen perfectamente el espíritu de nuestras procesiones. Hasta ahora tan sólo las investigaciones de Juan Lanzón y Alfredo García Segura nos han acercado al conocimiento de estos tiempos.
No es de recibo que los mismos que lloramos de contínuo la pérdida de patrimonio en 1936 no seamos capaces de realizar todos los esfuerzos necesarios para recuperar el que se conserva, máxime cuando, en el polo contrario, presenciamos en los últimos años la incorporación de marchas de dudosa calidad y nula adaptación a la peculiaridad de nuestro desfile.
Recuperar ese patrimonio, ponerlo en valor, cuidar con exquisito mimo la interpretación de las marchas y el repertorio es una exigencia para unas Cofradías que presumen, justamente, de poner en la calle las mejores procesiones.
Agustín Alcaraz Peragón.