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        Al igual que en la mayoría de las ciudades y pueblos, el valiosísimo patrimonio de las cofradías cartageneras fue destruido por los avatares de la Guerra Civil, aunque la repercusión fue muy desigual en los californios respecto de los marrajos. Ello se debe a que los morados habían comenzado su renovación imaginera en el primer cuarto del siglo XX , en base a un prestigioso escultor: José Capuz Mamano, por lo que pudo reemplazarse sin apenas pérdida de valor artístico casi la totalidad de las imágenes destruidas, gracias a la intervención de las mismas manos que modelaron las anteriores.

       El caso de la Cofradía California adquiere tintes de dramática inmolación. Su capilla quedó gravemente afectada con la pérdida de todas las imágenes que allí se veneraban y que habían salido de la inmortal gubia de Salzillo, escultor de toda la Pasión California (no debemos olvidar que el primer encargo de imaginería pasional al insigne artista lo realiza la cofradía encarnada en 1750 -Virgen del Primer Dolor-  seis años antes que la Dolorosa murciana; por lo que el prototipo salzillesco comenzó a fraguarse a través de la imagen california), esto es: Virgen del Primer Dolor, San Juan, Oración en el Huerto, Osculo, Prendimiento, Santiago y la Conversión de la Samaritana. Sólo aquéllas imágenes que se guardaban en el almacén de la cofradía, junto a los soberbios tronos realizados por el gran tallista granadino Luis de Vicente (Oración, Osculo y Prendimiento) y el decimonónico de Requena y  Mancha (Virgen), pudieron salvarse de la destrucción.

       Igual suerte corrieron todos los enseres y vestuarios que se custodiaban en la propia cofradía. A ello hay que añadir las irreparables pérdidas humanas de Mayordomos y Hermanos, que en un total de 53 fueron ejecutados dicho periodo.

       Con estos antecedentes, unidos a la ruinosa situación económica, inician su nueva andadura los californios, contando con un activo inmaterial de valor incalculable: ILUSIÓN, AMOR COFRADE y ESFUERZO SIN LÍMITES. Y con ese bagaje el primer Hermano Mayor de esta etapa, D. Juan Moreno Rebollo, junto al Mayordomo Principal, D. Francisco Linares Buform, inician la reconstrucción de la Cofradía.

       La primera acción (Cabildo de Mesa 2 Septiembre 1939) consiste en nombrar una Comisión de Finanzas y ésta propone un anticipo reintegrable de cien mil pesetas (láminas de 500 y 100 pesetas) entre los Hermanos, y que se irían liquidando con los ingresos por cuotas, rifas, lotería, donativos y  diversos actos (teatro, zarzuela, corridas de toros). También se solicita y obtiene un préstamo del Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional ( 25.275,90 ptas), previo informe de evaluación de daños elevado a la Dirección General de Regiones Desvastadas y Reparaciones. En esta primera etapa (1940-1948) se rehace prácticamente todo lo perdido, lo que da idea de la ingente labor realizada.

        A pesar de la febril actividad económica en aras a devolver el rico patrimonio perdido, la sustitución de la imaginería salzillesca es un reto que sobrepasa el aspecto crematístico. En esas fechas hay dos figuras señeras en el panorama escultórico nacional: José Capuz y Mariano Benlliure. El primero en plena madurez artística y formalmente identificado con la cofradía marraja; el segundo en su trayecto final productivo, y quizás el escultor que mejor se podía adaptar a las necesidades de los californios, cuyos ricos perfiles representan la mejor interpretación del ambiente dieciochesco en el que se funda la Cofradía California. Tampoco debemos olvidar el deseo de rivalidad que preside la “relación” entre las dos grandes cofradías cartageneras.

       Como en casi todas las circunstancias críticas de la Historia, va a ser una serie de casualidades las que induzcan la colaboración de Benlliure con los californios. Todo comienza con el encargo que le realiza al escultor la institución religioso-militar denominada Obra Pro-Imágenes en los Frentes de Combate, fundada en Valladolid por el comandante farmacéutico de la Armada D. Leopoldo López, y cuya finalidad era el aporte y restauración de las imágenes perdidas o mutiladas durante la contienda civil.

       La obra en cuestión es el Cristo de la Fe, para la cartagenera Iglesia del Carmen , por aquél entonces Parroquia Castrense. Como era tradición en el artista valenciano, se desplazó a Cartagena para hacer entrega de su obra; ello aconteció el 25 de marzo de 1941, ante el Jefe del Arsenal, Contraalmirante Cristóbal González Aller. La escultura del Cristo de la Fe se bendijo oficialmente el 1 de abril de 1941, conmemorando de este modo la II efemérides del final de la Guerra Civil.

       El segundo día de su estancia coincidió con la Salve California ( 26 de marzo), por lo que fue invitado por la cofradía al acto, recibiendo el título de Mayordomo Honorario. En dicha ceremonia se iniciaron las conversaciones con el Hermano Mayor, Marqués de Fuente Sol, donde se le propuso la renovación imaginera del grupo del Prendimiento. A partir de ese día la colaboración entre el escultor y los encarnados persistirá hasta la muerte de aquél en 1947, saliendo de su gubia los grupos que sustituyen a los desaparecidos, con el recuerdo barroco de las imágenes salzillescas, pero sin renunciar a la impronta personal respecto a la escenografía que aporta el artista valenciano.

       El patrimonio imaginero de 1940 es desolador. D. José de la Figuera y Calín, Marqués de Fuente Sol, recién nombrado Hermano Mayor Californio, presta de su propiedad un San Juan y una Virgen (actualmente sitas ambas imágenes en la parroquia de Los Dolores), encargando ese mismo año al escultor ciezano Manuel Carrillo el grupo del Prendimiento, así como al maestro murciano Sánchez Lozano la escultura de San Pedro (quizás su mejor obra). Al año siguiente, éste lleva a cabo para el grupo de La Oración del Huerto, tan sólo el busto en madera del Cristo y la imagen completa del Ángel (en este caso en escayola), ya que los durmientes se habían conservado. El único grupo que se salvó de la quema fue el de la Cena, atribuida por algunos a la escuela de Salzillo, y de mediocre valor artístico, por encontrarse en los almacenes las imágenes montadas sobre su trono.

       Con estos antecedentes se le encarga a Benlliure un nuevo grupo titular, realizando el Cristo en 1942 (en opinión del escultor los sayones eran muy buenos, y se plantea sólo el cambio de sus cabezas). Paralelamente, y debido a la premura de tiempo y la gran demanda de obras que existía en la geografía nacional, los californios también solicitan de un gran escultor de la época, Enrique Pérez Comendador, la talla de la Virgen del Primer Dolor, llegando dicha obra a Cartagena en 1943. Esta obra no termina de gustar (en especial al Hermano Mayor, que sufre una gran decepción), por lo que decide, ante la mala experiencia tenida, actuar a partir de ese momento “sobre seguro”.

       Otro motivo más para que fuera Benlliure el escultor californio, encargándole imágenes de las que ya se tenía referencia por su cercana presencia (Crevillente). En 1946 llegan a Cartagena San Juan (inspirado en el David de Miguel Ángel) y la Virgen (sacados ambos del grupo “Vuelta al Calvario” crevillentino), así como las cabezas de los sayones del Prendimiento ensambladas en los cuerpos que hiciera con anterioridad Carrillo. También se recibe el grupo del Ósculo, el único libremente hecho por el escultor valenciano. La Virgen de Pérez Comendador pasará al Jueves Santo con la advocación de La Esperanza.

       En 1947 envía el Cristo de la Flagelación, con lo que concluye su obra para nuestra ciudad, ya que fallece cuando comenzaba a tallar la Santa Cena, de la que sólo pudo realizar a Jesús, habilitado para el grupo de la Entrada de Jerusalem del Domingo de Ramos. Su discípulo García Taléns completa el grupo al año siguiente para reemplazar al primitivo, de menor factura.

      Capítulo de no menos interés en la Semana Santa cartagenera lo constituyen la artesanía del bordado y la música pasionaria. Respecto al bordado cartagenero, citar los talleres del Asilo de San Miguel (1875-1936) de los que se pudieron conservar los sudarios de la Cena y la Samaritana. En 1939 comienza una actividad frenética el taller de una de las grandes bordadoras locales: Consuelo Escámez, que logra en 1940 el Premio Nacional de Artesanía con el sudario de San Pedro. Las Hermanas Carmelitas también contribuyen a esta artesanía abriendo un taller en 1942. Finalmente Anita Vivancos completa el grupo “elegido” de las bordadoras cartageneras que realizan la ingente labor de recomponer el patrimonio californio. Y no debe olvidarse los hábiles delineantes que proyectaron los motivos de los bordados: Miguel de la Rochera, Rafael Puch, y muy especialmente, Balbino de la Cerra.

       Referente a la música, la guarnición militar constituye la columna vertebral de la recuperación e interpretación de marchas procesionales, destacando a Manuel Berna y José González (Regto Infantería Sevilla 30); de la banda de Infantería de Marina, a sus directores Ramón Sáez de Andana y Jesús Montalbán Vizcón; y la banda de la Cruz Roja (entonces militarizada) de donde salieron grandes músicos procesionistas como Pedro Gómez Sánchez y Pedro Ayala Tomás .

       Podemos, pues, valorar en la debida forma la responsabilidad que se arrogaron aquellos grandes cofrades californios de esa etapa tan lamentable de nuestra Historia, y  cuyo objetivo de restauración y renovación de un patrimonio tan sumamente importante, se convirtió en exitosa realidad en el asombroso plazo de siete años.

       Por su sacrificio y entrega a nuestra Cofradía podemos contar con un legado patrimonial de valor incalculable, no sólo crematístico, sino eternamente humano. Y debe ser la mejor honra a su memoria el conocimiento de sus hechos a través de las generaciones posteriores, para que sean conscientes del capital sentimental que recogen y lo devuelvan incólume a las siguientes promociones de procesionistas, encadenando un proceso sin solución de continuidad y sucesivamente potenciado.

José Miguel Osete Albaladejo. (2006)
Publicado en la revista TERTULIA LA FAMILIA NAZARENA, Nº 5.

Bibliografía:
Flagelación. Cincuenta aniversario. María Victoria Botí Espinosa
Las Cofradías Pasionarias de Cartagena. (cptlo. Imagen Sacra).
Cristobal Belda Navarro. Elías Hernández Albaladejo.
Archivo Personal. Juan Ayala Saura
 
Foto: Archivo Fº Javier Checa

La conversión de la Samaritana
Francisco Salzillo
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