Creo que todos tenemos a veces la tentación de imaginar un mundo diferente, un mundo a nuestra medida. Un lugar donde las cosas pasaran, o no pasaran, a nuestro gusto. Lo que suele ocurrir es que cuando llegamos a ese punto nos despertamos y nos damos de bruces con la realidad, que por lo general no es ni mejor ni peor, simplemente y a diferencia de los sueños, es el marco en el que nos toca vivir.
Estamos a punto de finalizar 2009, y evidentemente las cosas no son como hace cien años, ni como hace cincuenta, ni siquiera como hace diez años. El mundo ha cambiado y, aunque podamos tener una percepción positiva o negativa en muchos de los casos, lo cierto es que no va a volver atrás, y sólo si somos capaces de darnos cuenta comenzaremos a actuar como debemos en nuestro entorno.
Entre los muchos cambios que la sociedad ha experimentado está la presencia de las nuevas tecnologías, y entre ellas internet. Una red global de comunicación que tiene muchas, muchísimas ventajas, y también muchos, muchísimos inconvenientes. Pero que existe, por más que cerremos los ojos o abjuremos de ella, es algo innegable. Y podemos vivir al margen de internet, pero creo sinceramente que sería un error.
Si uno lee los datos que aporta la prensa, puede quedarse simplemente con el número de usuarios de redes sociales, foros o páginas web. Son muchos sí, pero el número no es lo importante. Lo que este tipo de páginas viene a demostrar es que las formas de relacionarse han cambiado, y mucho. Que los lenguajes y las técnicas de comunicación son totalmente diferentes a las que había, sin ir más lejos, en 1990. Hace veinte años nadie llevaba teléfono móvil, nadie tenía internet en casa. Y para muchos millones de personas -sobre todo para las generaciones más jóvenes- hoy el mundo resulta inconcebible sin ello.
Las cofradías cartageneras fueron pioneras hace una centuria. Abordaron con valentía una reforma estructural que les permitió abordar -suele decirse- un período de extraordinario crecimiento. Pero por encima de eso, la creación de agrupaciones las dotó de una mayor cercanía a la gente, de una mayor penetración social. Más participativas, integradoras y modernas.
Hoy, sin embargo, las cofradías miran con recelo a las nuevas tecnologías. Desde quienes las ignoran a conciencia a quienes las condenan. Desde quienes miran con recelo a quienes participan -participamos- en foros o espacios de debate en internet a quienes colocan a dichos usuarios en listas negras y se les considera poco menos que el enemigo.
Es evidente que cada uno es dueño de sus actos, esclavo de sus palabras y responsable de sus decisiones. Lo que ocurre es que, al margen de cuestiones legales -que las hay y ante las que nadie (ni unos ni otros) es impune-, lo que más me apena es que, en mi opinión, éste es un tremendo error de concepto, de criterio y de estrategia. Y que los verdaderos líderes, los auténticos responsables de instituciones de todo tipo, deben mirar no sólo al futuro inmediato, sino un poco más allá.

Las cofradías no pueden avanzar si se desconectan de la sociedad. Si presciden de los jóvenes. Si pretenden que quien quiera acercarse a ellas hable su lenguaje y punto. Como asociaciones católicas tienen una misión evangelizadora, y eso implica "id y predicad el Evangelio", no quedarse sentados a ver si alguien se acerca y pregunta. Como entidades sociales -las más potentes de Cartagena- deben además dotarse de estructuras sólidas, participativas, de tener iniciativa para ser atractivas a la sociedad, de pensar que sólo desde el respaldo de muchos podrán subsistir para desarrollar todas sus funciones, procesiones incluidas.
No basta con tener una o varias páginas web. Eso ya forma parte del pasado. Es necesario utilizar en beneficio propio los nuevos modelos de comunicación. Contar con redes sociales propias o participar en las ya existentes, aprovechar la inmediatez que aporta internet para estar en perfecta comunicación con todos los hermanos quelas forman parte de las agrupaciones, de las cofradías. Dejar de escudarse en fantasmas y absurdos (el anonimato, por ejemplo) y asumir que cuando en un foro no se escucha tu opinión, lo mejor es plantearla, no callar. Que por supuesto que nunca todo el mundo estará de acuerdo, que habrá críticas, pero que si la participación fuera masiva, las proporciones serán las reales, y que las posiciones minoritarias se verán como tales.
Es necesario ver las ventajas, que las hay, tanto para quienes residimos fuera de Cartagena y gracias a internet podemos tener una cercanía, una visión, un sentimiento hasta ese momento exclusivo de quienes viven en la ciudad, como para hablar el mismo lenguaje de las generaciones que, por ley de vida, deberán relevarnos algún día, si es que queremos que después de nosotros haya algún día, claro.
Es obvio que se puede decir que no. Que no nos interesa y gracias. Pero que no mientan. Que no se escuden en el medio. Si no se soporta la crítica, si se busca un pensamiento único, si la palabra democracia no es más que una molesta entrada del Diccionario, entonces internet solo será una excusa, porque lo que no se quiere es que nadie opine, ni aquí ni en la calle Campos.
Hace algo más de cuatro años creé en una comunidad de foros de internet (miarroba) un foro de Semana Santa, ante la desaparición del que lo había precedido. Ya por entonces se había criticado duramente por parte de algunos al anterior, pero entendí -y entiendo- que no es malo que la gente opine. Que aunque no nos guste o no participemos, lo van a seguir haciendo, y que es preferible estar que hacer el avestruz, porque por mucho que metamos la cabeza bajo tierra, el mundo no desaparece. Posteriormente renuncié a ser administrador y moderador del mismo, asumiendo dichas funciones una asociación de Procesionistas que hace, ni más ni menos, que lo que tiene que hacer. Algunos no han pensado -quizá- que si no existiera este foro habría otros -de hecho los hay-, y vete tú a saber quien ejercería la moderación de los mismos.
Esta es, evidente, mi opinión personal. Y mi invitación a las cofradías a reflexionar sobre su papel en el uso de las nuevas tecnologías en el siglo XXI. Y a participar activamente en este foro, en otros foros, en las redes sociales, en las nuevas web 2.0. En definitiva, a no hacer el avestruz.
Agustín Alcaraz Peragón.
Semana Santa Cartagena
